miércoles 16 de septiembre de 2026
Edición 518
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ASÍ OPINA, ANSELMO ZARAGOZA: LA VERDADERA FECHA DE NUESTRA INDEPENDENCIA

Cada mes de septiembre, México se envuelve en un manto tricolor. Las plazas se llenan, el pozole hierve en las ollas y, la noche del 15, millones de voces se unen para responder al tradicional «¡Viva México!» que retumba desde los balcones gubernamentales. Sin embargo, en medio del fervor patrio, la historia oficial ha eclipsado la realidad de los hechos.

Celebramos con fervor un inicio confuso y hemos relegado al olvido el día en que verdaderamente nacimos como una nación soberana. Es momento de replantearnos: ¿qué estamos gritando realmente la noche del 15 de septiembre?

La narrativa oficial nos ha enseñado que la madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo y Costilla llamó al pueblo de Dolores a levantarse en armas para romper las cadenas del yugo español. Pero la realidad histórica es mucho más matizada y, para algunos, decepcionante.

El movimiento de 1810 no nació con una intención verdaderamente independentista, sino como una reacción a la crisis política en España, que en ese momento estaba invadida por Napoleón Bonaparte. Lo que Hidalgo buscaba proteger era la soberanía de la corona española frente al invasor francés.

Los registros históricos apuntan a que la arenga original de Hidalgo incluyó vítores que hoy nos parecerían impensables: «¡Viva la religión católica!, ¡Viva Fernando VII!, ¡Muera el mal gobierno!»

El «mal gobierno» se refería a las autoridades virreinales los peninsulares que, a ojos de los criollos, estaban usurpando el poder en ausencia del rey legítimo de España, Fernando VII. Fue un levantamiento autonomista y de revuelta social, pero no una declaración formal de separación absoluta.

Fue hasta años después, gracias a la visión de figuras como José María Morelos y Pavón quien sí delineó un proyecto de nación independiente en sus Sentimientos de la Nación en 1813, que el movimiento adquirió un carácter verdaderamente separatista y republicano.

Aun así, la guerra de insurgencia iniciada por Hidalgo terminó dispersándose. Para 1820, el movimiento estaba prácticamente sofocado, sostenido solo por la resistencia guerrillera de Vicente Guerrero en las montañas del sur. El levantamiento de 1810 había fracasado militarmente.

Si queremos celebrar el día en que México cortó definitivamente los lazos de dependencia, debemos mirar hacia el 27 de septiembre de 1821.

Fue en esta fecha cuando el Ejército Trigarante, liderado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero quienes habían pactado la paz meses antes con el Abrazo de Acatempan y el Plan de Iguala, entró triunfante a la Ciudad de México. Ese día, sin disparar una sola bala en la capital, se consumó la Independencia. Al día siguiente, se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano.

¿Por qué celebramos el inicio y no la consumación? La respuesta yace en la política del siglo XIX. Agustín de Iturbide, el principal artífice de la consumación, se coronó emperador poco después, ganándose la enemistad de los republicanos. Al ser derrocado y posteriormente fusilado, la naciente república decidió borrar su nombre de la gloria patria. En su lugar, el Estado mexicano decidió ensalzar a los mártires que iniciaron la lucha Hidalgo, Allende, Morelos y eligió el Grito de Dolores como el hito fundacional.

COROLARIO. Con este comentario No trató de restar mérito al valor heroico de Hidalgo y los y las primeras insurgentes; su chispa fue fundamental para despertar la conciencia social. Sin embargo, un país no nace el día que alguien propone la idea en medio del caos, sino el día en que el proyecto se cristaliza política y jurídicamente.

Festejar el 27 de septiembre como nuestra verdadera Fiesta Patria sería un acto de madurez histórica. Significaría celebrar no el inicio de una guerra civil sangrienta que clamaba por un rey europeo, sino el momento en que antiguos enemigos Realistas e Insurgentes lograron dialogar, pactar y unirse bajo una misma bandera para dar a luz a un México verdaderamente libre.

Este septiembre, cuando escuchemos el eco de las campanas, recordemos a Hidalgo, sí. Pero reservemos nuestro brindis más importante para el 27 de septiembre: el día en que verdaderamente nos volvimos mexicanos.

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