Edición 490
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Estudiantes denuncian irregularidades en protocolos de seguridad, acoso docente y abandono institucional

Ciudad de México.– Lo que comenzó como una mesa de trabajo programada para atender problemas de seguridad en la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM terminó en una jornada caótica marcada por contradicciones, miedo, desinformación y una comunidad que, hasta hoy, exige respuestas claras. La crisis detonó el 8 de octubre, cuando estudiantes agrupados en P.P.A.A.A.V.O. convocaron al director Mauricio de Jesús Juárez Servín a dialogar sobre nuevas medidas de protección ante los hechos recientes de inseguridad en la zona de Xochimilco.

Sin embargo, antes del encuentro, la comunidad fue sorprendida por un desalojo repentino encabezado por personal de seguridad y protección civil. Con chalecos como única identificación, el personal pidió a estudiantes salir del edificio sin explicar si se trataba de un simulacro o de una emergencia real. Durante media hora, la facultad no emitió una versión oficial, mientras que vigilancia insistía en permitir el ingreso “bajo su propio riesgo”. Esta falta de claridad generó miedo y confusión, obligando a muchos a retirarse por precaución.

La incertidumbre aumentó cuando las puertas del plantel fueron cerradas parcialmente —algo contraproducente si se trataba de un protocolo de evacuación— y comenzaron a circular versiones contradictorias: desde un simulacro hasta supuestos avisos de amenaza de bomba. Incluso hubo personas no identificadas que ingresaron a salones gritando que había un artefacto explosivo. Más tarde, funcionarios administrativos aseguraron que el desalojo era un protocolo preventivo, pero sin explicar su origen.

A las 12:13, el director envió un mensaje afirmando que existía “una amenaza de explosión” y que, de no desalojar, “entrarían militares”. Minutos después, al llegar al plantel, sostuvo que había sido encontrado un artefacto explosivo en los baños, aunque sin precisar lugar, evidencia o reporte oficial. Bomberos consultados por estudiantes declararon desconocer el motivo de su presencia y señalaron que acudieron para cumplir con un protocolo anual de la UNAM, contradiciendo así la narrativa de la administración. Hasta hoy, no se ha presentado prueba alguna de dicha amenaza.

Durante esas horas, estudiantes cuestionaron por qué se permitió el ingreso de personas si existía un riesgo; por qué no se informó de inmediato; dónde estaban las evidencias; y en qué momento se notificó a las autoridades competentes. Ninguna de estas preguntas obtuvo respuesta clara.

Tras el hecho, la comunidad logró concretar la mesa de trabajo el 15 de octubre, donde expuso problemas graves y persistentes: falta de equipo de seguridad en talleres, infraestructura deteriorada, deficiencias en protocolos, mala iluminación, transporte inseguro, y la presencia de chinches y humedad en diversas áreas. También se abordaron denuncias de acoso contra profesorxs, algunas de ellas ignoradas por la administración, lo que generó fuerte indignación.

Otro punto crítico fue la Mega Ofrenda de la UNAM: estudiantes señalaron que cada año la FAD aporta trabajo artístico sin recibir créditos, constancias ni reconocimiento institucional. Profesores obligan a participar, restando tiempo a otras materias, y los materiales suelen entregarse tarde, denunciaron.

El diálogo también incluyó demandas de modelos de arte, quienes pidieron condiciones laborales dignas, respeto a su integridad, acceso a servicios médicos y pagos puntuales. En cuanto al transporte, se destacó la urgencia de ampliar rutas seguras, como Pumabús y RTP, y garantizar paradas estratégicas que no expongan al alumnado.

La administración presentó un proyecto de tres nuevos edificios para el plantel, pero estudiantes señalaron que dicho plan no responde a necesidades reales, pues no está basado en diagnósticos actualizados ni contempla la participación estudiantil, a pesar de que el H. Consejo Técnico ya había aprobado iniciar la actualización del plan de estudios.

Finalmente, el 16 de octubre, la FAD entró en paro escalonado tras una votación con 44.9% de participación. Semanas después, dos mesas de seguimiento mostraron un creciente descontento: más del 65% de los votantes calificó como insuficientes las respuestas de la administración.

Las irregularidades, señalan estudiantes, forman parte de una problemática histórica que arrastran desde hace décadas. Por ello, exigen una administración competente, transparente y sensible a las necesidades reales de su comunidad.

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