Por: Jesús Franco
Su paso por la Secretaría de Salud del Estado de México fue soso, torpe y, por decir lo menos, poco transparente. Entre reclamos de pacientes por falta de medicamentos, personal hospitalario y manifestaciones de trabajadores por las paupérrimas condiciones de trabajo, Macarena Montoya salió a inicios de abril de dicha secretaría.
A través de un video, que parece todo menos institucional, dice que deja una Secretaría donde ha habido grandes logros. Entre ellos la disminución del dengue en el Estado de México y la transición hacia el IMSS-Bienestar. En cinco minutos hace un recuento de temas, que suenan más a política que al cuidado de la salud de los mexiquenses. Nunca habló de mejoras en la infraestructura hospitalaria o de garantizar el abasto básico de medicamentos. A eso hay que agregarle la incógnita de un inmueble en el exclusivo residencial Portofino donde residía.
En un análisis de redes sociodigitales se pueden leer comentarios de aprobación por su renuncia y le recuerdan que deja todo “hecho un desmadre”. Sin embargo, en sus redes personales únicamente se leen comentarios positivos. Ningún espacio para la crítica.
Curiosamente, el 21 de marzo, quince días antes que dejara la Secretaría, la dirigente de Morena Estado de México, Luz María Hernández anunció con bombo y platillo la afiliación de Montoya al partido fundado por Andrés Manuel López Obrador. “Un gusto reunirme, saludar y afiliar a mi amiga Macarena Montoya Olvera, secretaria de Salud del Gobierno del Estado de México, a nuestro partido Morena. Seguimos creciendo con mujeres comprometidas con el pueblo, trabajando con convicción por la justicia social y el bienestar de todas y todos”, publicó en Facebook.
Lo que vino después fue natural. Macarena Montoya se lanzó de lleno a hacer campaña en Huixquilucan. Sí, campaña aún sin que el proceso electoral comenzara. Campaña disfrazada de reuniones. Campaña disfrazada de “atención a los vecinos”. En la mayoría de las fotos que ha publicado en sus redes sociodigitales personales aparecen ciudadanos que visita con el periódico Regeneración, órgano oficial de comunicación de Morena, en las manos. Ella, ataviada con un chaleco guinda, para que la gente no se confunda de partido. Eso sí, sin logo para “no violar la ley electoral”.
En su declaración patrimonial de 2023, la última presentada y disponible en la Plataforma Nacional de Transparencia no refiere que tenga algún tipo de sociedad o participación en alguna empresa. Entonces, surge una pregunta inevitable: ¿de dónde salen los recursos que gasta en sus encuentros vecinales? Porque seamos honestos y sensatos: ese tipo de reuniones tienen un costo. Desde el refresco o comida que se ofrece, pasando por la gasolina para desplazarse, así como
Y es que de acuerdo con los documentos revisados, Macarena Montoya Olvera no tiene otro tipo de ingreso, además del que tenía como servidora pública. A menos que cuente con un consultorio médico privado el cual no declaró en ningún momento. Ante estas premisas no hay una aritmética clara ni transparente de dónde salen los recursos. Porque pocos no son.
Sin experiencia política, Montoya Olvera se lanzó al ruedo. Lo hizo sin una ley electoral bajo el brazo y con la complacencia y omisión del instituto político que la cobija. También, con una encomienda que no es la de ayudar al prójimo ni al pueblo, sino seguir ocupando puestos públicos sin la capacitación necesaria. Porque muy seguramente buscará la alcaldía de Huixquilucan o un espacio en la cámara de diputados local o federal.
Una pieza de Morena cuestionada, desgastada y sin un freno político. Un narcisismo puro y duro que busca seguir acaparando el foco como lo hizo por su penoso paso en la Secretaría de Salud del Estado de México. Un lugar que dejó maltrecho y donde quiso aplicar remedios caseros cuando se requería una cirugía profunda y gradual. Al tiempo.







